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Carta a la ministra de Igualdad

José Ignacio González Faus - La Vanguardia 26/05/2008

No quiero escatimar felicitaciones para una ministra tan joven ni para un cargo tan ilusionante. Mucho más cuando oigo explicar a su madre cómo de niña le interesaba ya la política, y cuando la oigo decir a usted que la igualdad es nuestra tarea pendiente y que la modernidad sólo conoce una libertad sin (o contra) la igualdad. Pero sí querría manifestarle un temor serio: temo que la política del presidente en esta legislatura se reduzca a poner gestos simbólicos de izquierdas y actos de gobierno de derechas. Y en eso podría tener mucha parte su nuevo ministerio si todo se reduce, como insinúan algunas palabras suyas, a la igualdad de género.

Por supuesto no tengo nada contra ella: considero que hacía mucha falta y que hay enormes riquezas de la mujer que son indispensables para dignificar un poco el mundo de la política. Pero ya sabe usted que una de las primeras reivindicaciones de una auténtica igualdad de género es que las mujeres cobren lo mismo que los varones por idénticos trabajos. "Elemental, querido Watson", que decía el viejo genio.

Y esa elementalidad nos pone en la pista de que el primer factor de toda igualdad debe ser el económico. Sin igualdad económica, su ministerio puede quedar reducido a todo aquello que criticaba Marx de nuestras democracias: ser una pura democracia formal. Sentiría que su gestión en el Gobierno quede reducida a buscar una mera "igualdad formal", ya ridiculizada en la vieja frase de George Orwell en su granja de animales socialistas: "Todos los hombres son iguales..., pero unos más que otros".

Porque en este país cuya igualdad debe gestionar usted, hay unos pocos que cobran al año más de tres y más de cinco millones de euros: como el señor Pizarro y el señor González, presidente del BBVA, en el 2007 (puede ver los datos en el número de abril de El Ciervo,página 4). Y hay millones de españoles que, a duras penas, llegaron ese año a los 10.000 euros; una desigualdad de 1 a 500 que tocaría corregir a su ministerio. El 20% de la población española vive con menos del 60% de la renta nacional media: a eso, como usted sabrá, se le llama vivir por debajo del umbral de la pobreza Y a la vez, España es el país de la UE donde más ha crecido el número de millonarios en los últimos años...

Comprenda usted que todo eso tiene mucho, muchísimo, que ver con la igualdad y que si su ministerio orilla estas realidades será un ministerio de adorno. Ese es mi miedo: poner adornos de izquierdas en una gestión de derechas. No sé si habrá pensado usted en establecer de una vez aquel "salario máximo", vieja propuesta de Alfonso Guerra que ha quedado en el tintero, como todos los buenos propósitos de izquierdas. No sé si habrá pensado en cómo hacer para que la crisis económica la padezcan menos los que menos tienen, y no la paguen ellos en su mayor parte. Pero no creo que el cometido de su ministerio haya de ser el insoluble tema de la violencia de género.

Deseo tanto como usted que se acabe de una vez esa vergonzosa violencia machista; pero no me parece tarea de un Ministerio de Igualdad, ni de un solo departamento: es sobre todo tarea de todo un país y de toda una cultura de la sexualidad que nuestro mundo no está dispuesto a aceptar porque económicamente no es rentable. Comprender la sexualidad como una pertenencia mutua que brota del respeto, y no como una apropiación que brota de la falta de respeto. Y una visión de las relaciones humanas como relaciones de colaboración y no de enfrentamiento. Pero el 80% de la cultura que difunden los medios, y los anuncios, fomenta la segunda visión en lugar de la primera, porque eso da más audiencia.

De esos polvos (nunca mejor dicho) vienen luego los lodos que todos lamentamos y que a mí personalmente, como varón, me avergüenzan cada vez que las radios y las teles y los diarios nos llenan la cabeza con estas noticias, sin querer percibir que así contribuyen a propagar esa violencia más que a acallarla.

Debo terminar ya. Muchas cosas más que le diría puede usted encontrarlas en el precioso escrito de un parlamentario por el Partido Socialista en el Parlament de Catalunya: me refiero al entrañable amigo Toni (hijo de Alfonso C. Comín), y puede usted encontrarlo en los Cuadernos de Cristianisme i Justícia de Barcelona (n. º 92). Su título - "La igualdad, una meta pendiente"- ya era de por sí bien expresivo.

Deseo con toda mi alma que, al acabar su gestión, la igualdad sea entre nosotros una meta menos pendiente. Naturalmente: no esa igualdad que anula las diversidades, sino esa igualdad que anula las diferencias respetando las diversidades. Si fuera así, su ministerio merecería un aplauso, y un abrazo muy cálido de mi parte.

J. I. GONZÁLEZ FAUS, responsable de teología de Cristianisme i Justícia