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Hay una pregunta que todos los padres se han hecho alguna vez:
"¿Qué hacen nuestros hijos cuando salen de marcha?"
Y no me extraña, porque cuando los hijos salen por la puerta les dicen:
¿A dónde vas, hijo? Y el hijo:
-Pues... Por ahí.
-¿Y con quién?
-Pues... con una gente.
-¿Y qué vais a hacer?
-Pues... dar una vuelta.
¿Y saben por qué los hijos son tan inconcretos? Pues por una
gran verdad que
todos los jóvenes saben, pero ninguno se atreve a reconocer. Y como yo
esto
de la juventud lo estoy dejando, me da igual y lo digo: el 99% de las veces
que sales de marcha es un coñazo.
¿Pero por qué seguimos saliendo? Pues porque siempre pensamos:
"¿Si no salgo... y luego pasa algo emocionante...? Y sobre todo,
¿y si
ligo?".
Sí, por! que no falla: basta que un día no salgas, para que te
digan tus
amigos:
-¡Tío! ¡Ayer fue la leche...! Acabamos con unas finlandesas
bailando en un
tren de lavado. Y tú pensando: "Joder, y yo como un imbécil
en casa viendo
el programa del Moreno... que me lo podría haber grabado". Así
que, claro,
el sábado siguiente, aunque pienses que va a ser un rollo, sales. Y esto
es
lo que realmente ocurre en casi todas las noches de marcha:
Diez de la noche.
Quedas con toda la peña paracenar. Y siempre elige restaurante un tío
al que
yo llamo El Scotex. Sí, porque es uno que se ha aprendido el truco de
cenar
en restaurantes caros y pagar a escote, es un chollo... y aprovecha para
pedir lo más caro Lo malo es que, para evitar que te time, te picas:
¿qué
pide bistec? Tú, solomillo. ¿Qué pide gambas? Tú,
centollo. Y cuando llega
el postre estás tan lleno, que te tomarías un cafelito, y ya está,
pero El
Scotex dice:
-Para mí una tarta de chocolate con s! alsa de frambuesa y láminas
de menta.
Y tú piensas: "Joder, me va a salir el cafelito a 1.500 pelas".
-¡Pues a mí una mouse... de jamón ibérico... y láminas
de menta! Al final el
cafelito te sale por 6.000. ¡Que se joda!
Doce de la noche.
Acaba la cena. Y siempre me surge la misma pregunta: ¿por qué
no se decide
el sitio adonde ir a tomar la copa durante la cena? Pues no, hay que
decidirlo en la calle, muerto de frío:
-¿Y si vamos a Pingo's?
-Uy, no, Pingo's no, que estará hasta arriba.
-Bueno, ¿y si vamos a Funchi's?
-No, Funchi's no, que la música es muy mala...
¿Y al final cómo se resuelve esto? Pues como siempre, con indefinición.
De repente alguien tiene una idea brillante:
- Oye, vamos al centro y allí vemos...
Y esta frase es mágica: convence a todo el mundo. <?xml:namespace
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Una de la mañana.
Llegas al centro y hay que encontrar aparcamiento. Y vale cualquier sitio
con tal de que quepa el coche: en un vado, encima de la acera, dentro de un
contenedor... Y por primera vez en toda la noche, sientes que estás de
marcha. Sí, porque tienes que andar cuatro kilómetros desde donde
aparcas
hasta la discoteca.
Las dos menos cuarto.
Por fin llegas, y ya, tranquilamente, puedes... ponerte a hacer cola. Las
colas de las
discotecas son las únicas que haces sin saber si al final te van a dejar
entrar. ¿Se imaginan hacer cola en la frutería y que al final
no te
vendieran los kiwis? "No, a usted no le vendo kiwis, que lleva calcetines
blancos, ¡el siguiente!".
Pero si tienes suerte, a las dos y cuarto consigues entrar. Y pasas de la
marcha al rafting. Sí, porque en las dis! cotecas, la gente se organiza
en
riachuelos. Tú te colocas en uno, pensando que va a la barra y de pronto
te
ves en la puerta del baño: "¡mierda!" Ves que todos tus
amigos han cogido el
que va a la barra, así que intentas avanzar contra corriente, pero no
puedes... y les gritas:
-"¡Voy al baño pero no os movááááis
de ahíííí! "
Pero no cuentas con quelas discotecas tienen una capacidad de movimiento
propia, como las mareas. Y cuando por fin llegas a la barra, tus amigos han
sido trasladados a veinte metros. Y en ese momento empiezas a acordarte de
lo bien que se está en tu camita... pero vuelves a caer en la trampa:
no me
voy, que deben de estar a punto de aparecer las finlandesas con una ficha
para el tren de lavado. Así que continúas la expedición,
y después de media
hora consigues llegar hasta ellos, con la copa en lo alto, como si fuera un
trofeo, y te dicen:
- "Bébete eso rápido, que nos vamos a otro sitio"
- "¡¿A otro sitio?!"
- "Sí, ¿a dónde te ! apetece a ti?"
- "A mí, con lo que me ha costado conseguir la copa, ¡a la
Cibeles a
celebrarlo!" Pero salta uno:
- "Vamos a Cunclis: cierra a las 10 de la mañana."
Así que después de estar toda la noche por ahí, sudando,
bebiendo y fumando,
acabas en un sitio lleno de gente sudada, bebida y fumada. Sí, porque
no es
muy difícil saber qué tipo de gente vamos a un sitio que cierra
a las 10 de
la mañana: los que no hemos
pillado en toda la noche y vamos pensando: "Me quedan dos horas para pillar,
voy a machete. Me vale lo que sea, si pesa más de 30 kilos y se mueve...
Ahora, si es aquí donde pillaron mis colegas a las finlandesas, no me
extraña que las llevaran al tren de lavado".
Al final sales de allí a las 10 de la mañana, sin haberte comido
nada. Y de
pronto ves en la puerta... un puesto de bocatas de jamón. Que no es ibérico,
que no es de bellota. Yo creo que ni siquiera es jamón, pero a esa hora
te
comerías un guarda jurado. En fin, que si no sa! bían lo que es
salir de
marcha, yo se lo resumo: dos horas peleándote con El Scotex, media hora
discutiendo con tus amigos, hora y media aparcando, 45 minutos caminando,
hora y veinte haciendo cola, y media hora vomitando.