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| el texto del mito | la respuesta de clase 1| respuesta 2 | el psicólogo |
Hace poco recibi una llamada preguntandome si me acordaba de que trataba el mito de la Caverna de Platón. Mi respuesta fue un breve si y una respuesta aproximada de lo que me alcanzaba la memoria desde mis tiempos de bachillerato. Como no creo que sea suficiente busque en la red para ver que me decia google acerca del mito de la caverna y entre las multiples respuestas encontre el texto y un serie de explicaciones que aqui pongo.
La Caverna
—Ahora—proseguí—represéntate el estado de la naturaleza humana, con relación a la educación y a su ausencia, según el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su anchura una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna, hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen enfrente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor los alumbra, y un camino elevado entre este fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un tabique, semejante a la mampara que los titiriteros ponen entre ellos y los espectadores, para exhibir por encima de ella las maravillas que hacen.
—Ya me represento todo eso—dijo.
—Figúrate ahora unas personas que pasan a lo largo del tabique llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de animales de madera o de piedra, de suerte que todo esto sobresale del tabique. Entre los portadores de todas estas cosas, como es natural, unos irán hablando y otros pasarán sin decir nada.
—¡Extraños prisioneros y cuadro singular!—dijo.
—Se parecen, sin embargo, a nosotros punto por punto —dije—. Por lo pronto, ¿crees que puedan ver otra cosa, de sí mismos y de los que están a su lado, que las sombras que el fuego proyecta enfrente de ellos en el fondo de la caverna?
—¿Cómo habían de poder ver más—dijo—, si desde su nacimiento están precisados a tener la cabeza inmóvil?
—Y respecto de los objetos que pasan detrás de ellos, ¿pueden ver otra cosa que las sombras de los mismos?
—¿Qué otra cosa, si no?
—Si pudieran conversar unos con otros, ¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?
—Por fuerza.
—Y si en el fondo de su prisión hubiera un eco que repitiese las palabras de los transeúntes, ¿se imaginarían oír hablar a otra cosa que a las sombras mismas que pasan delante de sus ojos?
—¡No, por Zeus!—exclamó.
—En fin, no creerían que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras de objetos fabricados—dije yo.
—Es forzoso por completo—dijo.
—Mira ahora—proseguí—lo que naturalmente debe su ceder a estos hombres, si se les libra de las cadenas y se les cura de su ignorancia. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se le fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar y mirar del lado de la luz; hará todas estas cosas con un trabajo increíble; la luz le ofenderá a los ojos, y el alucinamiento que habrá de causarle le impedirá distinguir los objetos cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería si se le dijese que hasta entonces sólo había visto fantasmas y que ahora tenía delante de su vista objetos más reales y más aproximados a la verdad? Si en seguida se le muestran las cosas a medida que se vayan presentando y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto y no estará él mismo persuadido de que lo que veía antes era más real que lo que ahora se le muestra?
—Mucho más—dijo.
—Y si se le obligase a mirar la luz misma, ¿no sentiría dolor en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en estas más distinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?
—Así es—dijo.
—Si después se le saca de allí a la fuerza y se le lleva por el sendero áspero y escarpado hasta encontrar la claridad del sol, ¿qué suplicio sería para él verse arrastrado de esa manera? ¡Cómo se enfurecería! Y cuando llegara a la luz del sol, deslumbrados sus ojos con tanta claridad, ¿podría ver ninguno de estos numerosos objetos que llamamos seres reales?
—Al pronto no podría—dijo.
—Necesitaría indudablemente algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería, primero, sombras; después, las imágenes de los hombres y demás objetos reflejados sobre la superficie de las aguas, y por último, los objetos mismos. Luego, dirigiría sus miradas al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la luna y de las estrellas que en pleno día a la luz del sol.
—¿Cómo no?
—Y al fin podría, creo yo, no sólo ver la imagen del sol en las aguas y dondequiera que se refleja, sino fijarse en él y contemplarlo allí donde verdaderamente se encuentra y tal cual es.
—Necesariamente—dijo .
—Después de esto, comenzando a razonar, llegaría a concluir que el sol es el que crea las estaciones y los años, el que gobierna todo el mundo visible y el que es, en cierta manera, la causa de todo lo que se veía en la caverna.
—Es evidente que llegaría, después de aquellas, a hacer todas estas reflexiones dijo. —Y ¿qué? Si en aquel acto recordaba su primera estancia, la idea que allí se tiene de la sabiduría y a sus compañeros de esclavitud, ¿no se regocijaría de su mudanza y no se compadecería de la desgracia de aquellos?
—Efectivamente .
—¿Crees que envidiaría aún los honores, las alabanzas y las recompensas que allí, supuestamente, se dieran al que más pronto reconociera las sombras a su paso, al que con más seguridad recordara el orden en que marchaban yendo unas delante y detrás de otras o juntas, y que en este concepto fuera el más hábil para adivinar su aparición; o que tendría envidia a los que eran en esta prisión más poderosos y más honrados? ¿No preferiría, como Aquiles en Homero, «trabajar la tierra al servicio de un pobre labrador» y sufrirlo todo antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
—No dudo que estaría dispuesto a sufrir cualquier destino antes que vivir de esa suerte—dijo.
—Fija tu atención en lo que voy a decirte—seguí—. Si este hombre volviera de nuevo a su prisión para ocupar su antiguo puesto, al dejar de forma repentina la luz del sol, ¿no se le llenarían los ojos de tinieblas?
—Ciertamente—dijo.
—Y si cuando no distingue aún nada, antes de que sus ojos hayan recobrado su aptitud, lo que no podría suceder en poco tiempo, tuviese precisión de discutir con los otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no daría lugar a que estos se rieran, diciendo que por haber salido de la caverna se le habían estropeado los ojos, y no añadirían, además, que sería para ellos una locura el intentar semejante ascensión, y que si alguno intentara desatarlos y hacerlos subir sería preciso cogerle y matarle?
—Sin duda—dijo.
—Y bien, mi querido Glaucón—dije—, esta es precisamente la imagen que hay que aplicar a lo que se ha dicho antes. El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del sol; en cuanto al cautivo, que sube a la región superior y que la contempla, si lo comparas con el alma que se eleva hasta la esfera inteligible, no errarás, por lo menos, respecto a lo que yo pienso, ya que quieres saberlo. Sabe Dios sólo si es conforme con la verdad. En cuanto a mí, lo que me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos de sacar la consecuencia de que ella es la causa primera de todo lo que hay de bello y de recto en el universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de que esta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia; y en fin, que ha de tener fijos los ojos en esta idea el que quiera conducirse sabiamente en la vida pública y en la vida privada.
—Soy de tu dictamen en cuanto puedo comprender tu pensamiento—dijo.
—Admite, por lo tanto, también y no te sorprenda—dije— que los que han llegado a esta sublime contemplación desdeñan tomar parte en los negocios humanos, y sus almas aspiran sin cesar a fijarse en este lugar elevado. Así debe suceder si es que ha de ser conforme con la imagen que yo he trazado.
—Sí, así debe ser—dijo.
—¿Es extraño que un hombre—dije yo—, al pasar de esta contemplación divina a la de los miserables objetos que nos ocupan, se turbe y parezca ridículo cuando, antes de familiarizarse con las tinieblas que nos rodean, se vea precisado a entrar en discusión ante los tribunales o en cualquier otro paraje sobre sombras y figuras de justicia, reflejos las unas e de las otras, y explicar cómo él las concibe delante de personas que jamás han visto la justicia en si misma?
—No veo en eso nada que me sorprenda—dijo.
—Antes bien—dije—, un hombre sensato reflexionará que la vista puede turbarse de dos maneras y por dos causas opuestas: por el tránsito de la luz a la oscuridad o por el de la oscuridad a la luz; y aplicando a los ojos del alma lo que sucede a los del cuerpo, cuando vea a aquella turbada y entorpecida para distinguir ciertos objetos, en vez de reír sin razón al verla en tal embarazo, examinará si este procede de que el alma viene de un estado más luminoso, o si es que al pasar de la ignorancia a la luz, se ve deslumbrada por el excesivo resplandor de esta. En el primer caso, la felicitará por su turbación; y en el segundo lamentará su suerte; y si quiere reírse a su costa, sus burlas serán menos ridículas que si se dirigiesen al alma que desciende de la estación de la luz.
—Lo que dices es muy razonable—asintió.
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2. La Actualidad del retrato plat?nico Los cuatro ámbitos o espacios del mito de la caverna muestran diferentes situaciones de la nuestra actual condición. a) En la caverna, los encadenados mirando las sombras
b) Se libera de las cadenas
c) El camino abrupto y laborioso de ascensi?n
d) La salida al mundo exterior y "real"
Adaptaci?n hecha a partir del art?culo
[d][']Emilio Lled?, [Lecturas] de uno [mito] [filos?fico], [Resurgimiento], n ? 1, 1980. |
INTERPRETACIÓN DEL MITO DE LA CAVERNA DE PLATÓN.
Francisca Martín-Cano
Revista Omnia. Mensa España. Barcelona
En estos días, tras serme recomendada la lectura del Mito de la Caverna de Platón
en un foro de Internet, lo leí. Y según se me dice, el mito ha sido interpretado
como un ¡¡¡nacimiento!!!. Pero si es esta la interpretación que ha recibido
amplio asentimiento, quiero desde aquí: la revista Omnia de la asociación Mensa,
mostrar mi voz discrepante y dar una interpretación alternativa: mis conclusiones
van más allá de interpretaciones clásicas. A mi entender, en realidad de lo
que está hablando el Mito de la Caverna es: de "la esclerosis mental que se
produce en cualquier sujeto, expuesto a un ambiente pobre estimularmente y se
le ha enseñado ciertas creencias monolíticas, cuando ha sido condicionado en
ellas desde la infancia, sin posibilidad de crecer en un entorno rico y democrático".
Ya desde el primer párrafo, Platón-Sócrates, explicita que compara la educación
que puede recibir un ser humano con la experiencia que va a narrar a continuación,
de los que viven atados en una caverna desde niños. Y cualquier psicólogo o
persona entrenada en descifrar metáforas, debería haber visto de lo que está
hablando: en términos metafóricos habla de la educación en un ambiente cerrado,
con un entorno falto de complejidad, sin estímulos culturales e imaginativos.
Porque para cualquiera que haya estudiado los fundamentos básicos del aprendizaje,
materia que estudiamos los psicólogos hoy día, no debería tener ningún misterio
la verdadera interpretación. Y dado que no ha sido divulgada otra explicación
lejos de la visión tradicional, deduzco que no la ha leído ningún psicólogo,
a quien no se le puede escapar el verdadero sentido.
Por lo que la interpretación del Mito de la Caverna como un¡¡¡nacimiento!!!.
quizás se debiese a que las perspectivas de los analizadores hasta ahora, eran
dependientes de un punto de vista de tradiciones filosóficas y a la luz de unos
conocimientos "cavernícolas".
Para ayudar en mis explicaciones, voy a ayudarme, comparando a los cautivos
de la caverna, con las fanáticos del Islam, que ahora están tan de moda, que
han crecido en ambientes segregados y con "orejeras". Y cualquiera que haya
sido "condicionado" / adoctrinado / manipulado en las ideas de la cultura o
de la religión en la región en la que se nace y crece y en la que no existe
pluralidad ideológica, se convierte en un prisionero, cautivo, atado con cadenas
(nacido y atado en caverna), que le impide moverse y ver a su alrededor, con
la imaginación degradaba y sin posibilidad de razonar de forma lógica, e incapaz
de ver otra realidad que no sea a través de sus condicionamientos mentales.
De forma que si un talibán crece condicionado, encerrado y atado en la caverna
de los colegios de Afganistán, donde se le hace estudiar exclusivamente el Corán,
y al que se le niega la posibilidad de ampliar sus fuentes de información, si
s?lo recibe refuerzos por actuar como sus maestros, crueles intérpretes del
Corán, que ven en la mujer un ser de naturaleza inferior, a la que hay que encerrar
y subordinar, ¿qué se puede esperar que aprenda?. ¿Por qué nos asombra que adopten
el compromiso de permanecer ligadas a sus creencias y de defenderlas altruistamente
hasta la muerte?
Cuando esa persona viaja, sale al exterior de su prisión, de su pequeño y cerrado
mundo de ideas, lee libros "prohibidos", ve películas "malas", conoce costumbres
"perniciosas",... (mira el sol), en principio tiene las estructuras cognoscitivas
esclerotizas (a causa de encandilamiento no percibe nada) y no es capaz de admitir
ni entender las nuevas ideas (no ve la realidad, y el sol le daña la vista).
Por mucho librepensador o racionalista que le intente hacer ver otra realidad
(la luz del sol) y le quiera cambiar su pensamiento y le diga que todas sus
creencias son mitos, y que está muriendo y luchando por unos ideales falsos,
pues no serviría de nada. Las palabras del racionalista, le ofendería (la luz
del sol le dañaría la vista). Y mataría al racionalista por soliviantarlo o
por blasfemar.
Pero si estuviese aún en edad de que, su mundo de ideas pudiese ser modificado
fácilmente (hay una edad crítica, pasada la cual, los nuevos aprendizajes son
más difíciles de implementar), cuando se introduce en ambientes abiertos y se
acostumbra a las nuevas ideas (mira al sol), puede aprenderlas y preferir malvivir
en este nuevo mundo, antes que en el anterior (de sombras y tinieblas). Pero
en ese caso, al volver al mundo de los fanáticos e intentar mostrar su verdad
a sus antiguos compañeros, ahora el masacrado sería él.
Las personas que han sufrido un condicionamiento desde la infancia (han estado
en una caverna atados de pies y manos, y viendo una realidad de sombras), es
muy difícil que cambien de ideas cuando salen y se exponen a otras (igual les
pasa a los compañeros de bin Laden y a él mismo, que a pesar de estudiar en
Europa y en Estados Unidos, lo han hecho a una edad en la que la exposición
a las nuevas ideas, no les ha modificado en absoluto sus pensamientos fanáticos,
y por tanto la luz del sol los ha dejado ciegos).
Y si lo se conseguirá modificar las creencias de cualquiera que haya estado
en una caverna (ya sea fanáticos del Opus Dei o del Islam), gracias al refuerzo
y a un fuerte aprendizaje que neutralice sus fuertes creencias, asentadas fuertemente
en su consciencia.
ACLARACIÓN.
Quiero dejar buena constancia de que cuando Francisca Martín-Cano habla de los
"fanáticos del Islam, que ahora están tan de moda", yo por mi parte esto lo
hago extensivo a los fanáticos de cualquier religión. De igual modo, hago clara
diferencia entre ser creyente y ser religioso, ambos conceptos muy diferentes
o incluso antagónicos. Se puede ser creyente -teísta o deísta,- sin que sea
necesario que la fe venga a través de ninguna religión. Particularmente, esta
postura la considero la ideal, pues creer en Dios y al mismo tiempo estar sometido
a la siempre partidista manipulación que el hombre hace de Dios, resulta como
mínimo, una herejética blasfemia. La espiritualidad es un tesoro demasiado preciado
como para estar en manos de la siempre corrupta religión.
Francisco José Fuentes